Hacia finales del siglo XIX, en Estados Unidos apareció un nuevo tipo de edificio, el rascacielos. La idea de crear edificios de gran altura y con amplios ventanales, se hizo real gracias a la arquitectura del hierro. La invención del ascensor fue el condicionante definitivo.

en el año 1871 se produjo el incendio de chicago, y la necesidad de reconstruir la ciudad ofreció la posibilidad para poner en practica este tipo de edificios. Arquitectos como William Le Baron Jenney o Louis Sullivan realizaron este tipo de construcciones.
Al mismo tiempo, surgió en Europa el Art nouveau o modernista. Se trataba de una corriente que tomó las propuestas de la arquitectura del hierro pero con un matiz ornamental que les hizo producir todo tipo de objetos de diseño que decoraban los edificios.
La estética modernista se inspiraba en la naturaleza, y ofrecía formas curvas y una decoración abundante, que respondía el gusto por el lujo funcional propio de la burguesía.
Este estilo se difundió sobre todo en Bruselas, Viena, París y Barcelona, gracias a autores como Otto Wagner o Antoni Gaudí.
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